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15.6.12

Libros que funcionan

Mi hijo, a poco de cumplir tres años, disfruta mucho del arte de recortar, y hay revistas y sectores siempre habilitados a tal fin: la casa alfombrada de papelitos, ratos de entrega y concentración especial. Esta mañana le dije que íbamos a recortar siguiendo las ideas de un libro. Busco el libro (uno de esos especiales que no se guardan en el sector habilitado), se lo muestro y bajo a buscar los materiales (cartulinas, papeles de colores). Una vez abajo me toca servirle el desayuno a mi hija mayor que apareció de la nada recién levantada. Saco la leche de la heladera, pongo las tostadas... Joaquín pasa y me pide la tijera. Se la doy casi en un acto reflejo. Sigo con las tostadas. No más de un minuto y medio. Lo juro. Y el segundo clave llegó: "Uy, no le subí los papeles a Joa..." Silencio arriba. Silencio de concentración desmedida. Nunca subí los papeles. Nunca subí las escaleras tan rápido. El libro, el libro. El libro se llama Istvansch te enseña a dibujar con Tijeras y papeles y forma parte de una colección muy recomendable que presentó AZ hace poco. El creador y autor del libro, sabrán, es un mago de las tijeras. El resultado no tengo ni que contarlo. Yo llegué con la lengua afuera. Joaquín llegó con la tijera hasta la página 3. Hizo honor al título y recortó y recortó y recortó. Lo que tenía más a mano: el libro. Alguien que lo conoce me dijo que a Istvansch va a gustarle la anécdota. Háganselo saber: el libro funciona.





16.4.10

PRUEBA DE SONIDO






El lenguaje comienza mucho antes, desde el primer día. Las miradas, los gestos, esos ojos en los míos que dicen tanto, que buscan, que llaman, que lloran, que maman.
Esos ojos que miran bien de cerca y siguen tu silueta donde vayas y te contestan sin hablar.Pero cuando los sonidos llegan es otra cosa: los gestos se vuelven más vivos, aparece la sonrisa, después la sonrisa con dientes, la lengua juega, la garganta grita y la mirada se completa con la maravilla del habla.
Gggg, ga-ga, agggg, pfff, ffffpppp. Prueba de sonido. Acá estoy. Esta es mi voz. Puedo hablar. Escúchenme. Entiéndanme.

Y un día cualquiera, en cualquier momento y haciendo cualquier cosa llega la magia. Y escuchás la primera palabra dicha. Y a partir de ese instante mágico, llega el torbellino de sílabas y gorgojeos maravillosos. Y lo sentís único. Lo sabés poderoso. Y vibras con su ritmo.

Y las mañanas se llenan de grrsss- gggr y tatattaaás. Y sonreís y te reís como si nunca lo hubieras hecho. Como si fuera la primera vez que se encuentran. Aunque ya lo conocés tanto. Aunque ya le hablaras desde antes, ahora es distinto. Ahora es mucho más.

Y un día tu hijo aprende a hablar, y tomás conciencia de que tu bebé de ocho meses está conectándose al mundo.
Y te mira cada mañana a partir de ese día, repitiendo su palabra mágica:
tttettttt-teeettaaaa.
Te-tta.
Ya está, lo dijo, no hay vuelta atrás.

Aun no dijo mamá. No hizo falta.









10.4.10

PODEROSO, EL CHIQUITIN


EL Rey sol abre los ojos...

8.4.10

12.8.09

Crónica de otra césarea anunciada








Está bien. Debo reconocerlo. Durante éste, mi segundo embarazo, no hice demasiadas cosas para relajarme: nunca retomé mis clases de yoga, abandoné las de relajación después de la primera visita, no me hice ni una sola sesión de masajes. No hice terapia. No hice curso de preparto.


Y así llegamos a la fecha de parto. Digo, llegamos es una forma de decir, llegué solita, ansiosa, como pude, porque si es por el bebé parecía querer quedarse adentro quien sabe hasta cuando. Cero contracciones. Cero dilatación. Nada de nada. Otra vez me quedé con las ganas de poner en práctica la teoría. Me quedé con las ganas de pujar. Otra vez césarea programada. Qué lo parió.


Hasta la noche anterior tuve esperanzas, pero ya a las seis de la mañana del día previsto tuve que resignarme: me duché, preparé la ropa y hubo por supuesto tiempo para la planchita. Llegamos al sanatorio de la Trinidad diez minutos antes y al entrar al hall, todo impecable y tranquilo, tuve la sensación de estar llegando de vacaciones a un hotel cinco estrellas: "Esto es Hollywood"- le dije a Hernán. Internarse así, sin apuros ni dolores no tiene ninguna gracia.


Hechos los tramites, llegó la partera, esta vez sí era una cara conocida y por cierto, amable.


¿Número de habitación? 172. "Subí, cambiate y esperame que te voy a poner el suero". Así nomás. Parecía un trámite. Hubo tiempo para una foto más en la entrada a la materniad (y sí, definitivamente parecían vacaciones). Con el suero llegó la acción. A los cinco minutos del pinchazo en las venas (porque fueron dos y dolieron) empecé a sentir un calor en el cuello y vino la "Señora tos" (como dice mi hija Victoria). No sabía que me pasaba exactamente pero no podía dejar de toser. Hernán, simplemente, no creía lo que veía: "¿Te resfríaste, mi amor?, justo ahora" o "¿tomaste frío?", algo así me dijo, me causó gracia, pero no podía explicarle a causa de mi malestar. "Llamá al médico, mejor". Eran las ocho y cuarto. Ocho y media entraría al quírofano. Por un segundo pensé: "Esto se suspende". "Yo así no entro". La que sí entró justo en ese momento fue mi madre, con cara forzada de "todo va a salir bien" pero sin decirlo supe que tenía más miedo que yo. Disimulé y le devolví una cara de "estoy perfecta". Allá vamos. El médico me explicó que había tenido una reacción alérgica a la medicación que me dieron. Nada que un decadrón no solucionara casi al instante. Se fue el ataque de tos y partí para el quirófano, dejando atrás a mi madre y sus lágrimas. Allí todo me era familiar, hasta el anestesista era el mismo que cuando nació mi primer bebé. Repasemos: anestesia, conversaciones banales entre las enfermeras (ésta vez hablaban de la farándula) Y mientras en la sala se debatía acerca de la infidelidad de la esposa de Tinelli (parece que la habrían pescado con Juan Darthés) a mi me embadurnaron, me pincharon y me acostaron en la camilla. Lo próximo por venir también lo conocía, lamentablemente. Sólo que está vez quería estar despierta para ver salir a mi hijito. Ver entrar al Dr. G. me ayudó a juntar coraje. Ésta vez el gordo no me había abandonado y me daba cierta tranquilidad que fuera él el encargado de hacer el corte de gracia. Porque digámoslo con todas las letras: te cortan almedio. Y es mentira que no lo sentís. Me exasperan las mujeres (y no fueron pocas) que me han dicho: "La césarea es una pavada, si no sentís nada" ¿Quéeee? No faltemos a la verdad, señoras, es un horror y a mí por lo menos me duele, les juro que me duele. Pero esta vez no me dormí. Y aguanté. Y tal vez fueron las ganas de parir o el sufrimento de parto que quedaría pendiente, pero cuando por fin me di cuenta que Joaquín salía me dolió el alma y sufrí y entonces me dije: será solo una sensación o será el cagazo que tengo pero siento que lo estoy pariendo. Y salió. Y me levanté. Y lo vi. Cabezón. Colorado. Inmenso. Gigante. Un extraterrestre que había llegado para quedarse. Mi hijo. Nuestro hijo. El hijo varón que siempre soñé. Y sanito. Lo mejor fue que parecía sanito. Enormemente raro. Un momento increíblemente raro. Escuché al médico decir que se parecía a Macalister. Alguien dijo que era un rubio hermoso. El papá no me acuerdo bien qué dijo, pero pude saber que lloraba. Su papel, está vez no fue tan prótagónico como en el parto anterior en el que lo dejé solito, pero tuvo una participación clave: en los peores momentos, cuando sentía que yo aflojaba o cuando sentía mucho miedo lo escuché decir: "Dale flaca, si no aflojás te prometo que cambiamos el auto y nos vamos de vacaciones los cuatro". Y me imaginé eso. Fue casi un chantaje pero vaya sirvió de incentivo. Tu papá Joaquín, es un genio.


Y a pesar de los dolores, y a pesar de los puntos, y a pesar de estar pensando en la adopción para mi próximo hijo, puedo decir que esta vez pasé la prueba con éxito. La tercera ¿será la vencida?

6.8.09

Esperando nacer


¿Y si todo comenzara como una canción?

Ésta, mi querido hijo, es la que te regalo hoy, esperándote.



Tengo el corazón abierto

todo el mundo puede ver

un camino para correr

tengo el alma en un desierto

todo el mundo puede ser un camino para crecer.

Todo el mundo dice que mi amor es en vano

y que llevo siglos esperando nacer esperando nacer.

Yo te he visto en el pasado

con tu cara de jarrón

y tu mundo hecho de clisés

que esperás ahí al costado del camino

no escuchaste esta canción todo el mundo te quiere ver.

Tengo la esperanza de encontrar un sonido

y un amor tan grande que te pueda envolver

por Dios escuchame.

Te imaginas el lamento

de la gente y su manual

de las cosas que nunca fueron

y el olor de los jazmines viejos

y la angustia sensación

de que el tiempo se echó a perder.

Soy un solitario transmitiendo un mensaje

escribiendo frases para poder creer

esperando nacer

esperando nacer

esperando nacer

esperando nacer.

20.7.09

Lugares comunes


Para algunos tal vez el lugar más común sea la cocina de la propia casa. Se levantan, preparan café, revisan por si acaso quedan sobras en la heladera, pizza fría de la noche anterior o algo similar. El olor a tostadas, tal vez el diario y un desayuno está asegurado.
Para otros el lugar más común será una oficina, la parada del mismo bondi todos los santos días o la sala de espera del dentista, luego de un tratamiento prolongado.
Para los niñitos, la plaza de la esquina o algún rincón de la casa donde habitan sus juguetes generalmente todos tirados. Para los cibernéticos, un blog, el msn y sus páginas favoritas.

En cuanto al lenguaje se refiere el lugar común es "una palabra, frase o idea considerada como un vicio por ser demasiado sabido o por su uso excesivo o gastado".
Un lugar común entonces podría ser la idea de que un segundo hijo tendrá menos atenciones, menos fotografías y menos dedicación por parte de sus padres. Eso piensan todos. Eso dicen por ahí.
Si consideramos que estoy cursando las últimas semanas de mi segundo embarazo y esta es la primera entrada en el blogg luego de unos cuantos meses, y considerando que la primogénita Victoria tiene ya varias dedicadas a su concepción y nacimiento, podríamos darles la razón, pero el gordo y la flaca preferimos evitar los lugares comunes y enseñarle a nuestro hijito que no se fije en esas sutilezas y que sepa desde la panza que cada cosa tiene su tiempo, cada tiempo tiene sus cosas y que este tiempo en que no escribimos, estuvimos cuidándolo y esperándolo sin caer en lugares comunes: simplemente viviendo.