24.1.12
29.11.11
Pelopincho y Cachirula
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20.11.11
Dialoguitos

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10.11.11
Nosotros, los atípicos
Mi hermana M. dijo alguna vez cuando éramos chicas que cuando sea viejita se imaginaba alejada de todo, en una cabaña sacando sus recuerdos de un baúl. Entonces, digo yo ahora pensando en eso, será cuestión de vivir creando esos recuerdos para cuando los saquemos a relucir.
Y esto viene a que hoy me acordé de N. Son esas pequeñas cosas: una frase, dos o tres palabras juntas, dichas al pasar, y ¡zas! se hace el recuerdo, se hace la risa. Se hace lo que mi hermana guardaría en el baúl y yo llevo conmigo adonde voy.
Hace cuatro años, cuando Victoria era bebé y el gordo y la flaca trabajábamos todo el día fuera de casa, nos íbamos a las ocho de la matina y volvíamos al atardecer, nos ayudaba una señora que era muy puntillosa y exigente con algunas cosas, mucho más que nosotros dos juntos, por lo que a veces, le costaba seguir el ritmo de nuestra rutina, que por esos tiempos, de más está decir, era de lo más cambiante.
La señora N. tenía una muletilla que recuerdo muy bien: cada vez que las cosas impredecibles o improbables sucedían (y en casa esas cosas sucedían y suceden con regularidad) ella decía, con una mezcla de asombro y resignación: “Bueno, es que hoy es un día atípico”. Era su forma de entender el caos o de ordenar lo imposible. Con el gordo nos mirábamos y pensábamos “¿será el día?, ¿o seremos nosotros los atípicos?”.
Cambios, vaivenes, acomodaciones. Todo eso que es de lo más común en la vida. Pero parece que a alguien que nos miraba de afuera, que pasaba buena parte del día en nuestra vida para volver a su mundo tan típico, nosotros y nuestras cosas nos salíamos de su cauce.
Creo que con el paso de los meses se acostumbró. O dejó de decirlo. O dejó de venir. De cualquier modo los días atípicos fueron ganado terreno y tal vez, me gusta pensar, el espanto, nuestro espanto, nos haya curado un poco.
Pero cada vez que nos desacomodamos, que cambia nuestra nunca anhelada rutina familiar o que pasa algo extraordinario en el día, me acuerdo de esa observación, de esos días atípicos y pienso que en definitiva no sé si somos nosotros tan atípicos. La vida no es tan típicamente correcta después de todo.
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8.11.11
13.10.11
9.10.11
Octubre. Seis años: mucho baile, mucho amor
Nos besamos bailando
en medio del lugar.
La música ya iba llegando al último compás.
Miradas en silencio y quien lo iba pensar.
que después de este primer baile
me iba a enamorar
Yo que era un solitario bailando
me quedé sin hablar
Mientras tú me fuiste demostrando
que el amor es bailar
La vida es un gran baile
y el mundo es un salón
y hay muchas parejas bailando
a nuestro alrededor
Y entre toda esta gente
nos fuimos a encontrar,
pareciamos predestinados para asi bailar.
Y ahora que estamos en la pista tú y yo,
no quiero que dejemos de bailara asi,
pues vienen otros ritmos que te
quieren separar de mi,
y no pueda abrazarte ni sentir tu cuerpo,
y vuelva a bailar solo como antes
de estar junto a ti,
Y asi bailando quiero
que me hagas el amor,
de hombre a hombre
voleuz-vous coucher avec moi?
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24.9.11
Mañana de sábado
Piyama de letras, mate de colores, rubio feliz. O piyama feliz, rubio de colores, mate de letras. O mate feliz, piyama de rubio, letras de colores... el caso es que la mañana viene más o menos así. Confío en que podrán darse una idea.
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22.8.11
9.8.11
Dos años más o menos así...
Dos años. Un hijo es un hijo y sus circunstancias. A veces caóticas, a veces mágicas. Siempre intensas.
¿Jugamos a que surfeamos en las olas?, me dijo ayer mi hija mayor. Así siento que vivimos buena parte de estos dos años, subidos a nuestra súpertabla familiar, atravesando momentos inestables, cambios fuertes, batacazos; disfrutando de la calma que, cuando llega, acapara todo y nos alumbra; mirando el paisaje que va cambiando. Todo crece: la casa, nosotros, la alegría.
Joaquín, el intrépido pequeñito que llegó a este mundo a fuerza de todo, que vino con una sonrisa puesta, con ojos grandes para ver mejor y unos piolines amarillos en la cabeza que brillan en la oscuridad...
Joaquín, el niño luz, el rubio total, cumplió dos años.
En dos años pasan muchas cosas (y algunas felices).
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