19.1.11

Caminatas


Mi barrio es circular. Pero siempre llego.

Cuando camino con mi hija y el trayecto es demasiado largo para sus pequeñitas piernas, las dos armamos una estrategia: elegimos escalones. Descansos en el camino, para que no parezca tan lejos ni tan arduo el esfuerzo. Nos sentamos, miramos alrededor, a veces, hasta imaginamos historias... (¿Quién vivirá aquí? ¿Cómo será esta casa por dentro?) Y así nos distraemos y esperamos el impulso que nos lleva hasta el próximo escalón, y por fin avanzamos y hasta ahora resultó: siempre llegamos.

18.12.10

Coleccionista piadoso


Manuel tiene un armario con cinco estantes. Y en cada estante guarda algo único, algo que buscó especialmente.
En el primer estante hay un barrilete de plomo, un espejo mentiroso, una llave que solo cierra y una cartera diminuta. En el segundo estante, un gato que cae sentado, hielo derretido, una bicicleta sin ruedas y cuatro libros en blanco. En el tercer estante, caramelos con gusto a nada, bolsillos sin pantalones, monedas de lata y un paraguas de papel. En el último estante guarda una cortina transparente, relojes sin agujas, una trompeta muda y un casco de vidrio.
Manuel se preocupa por los objetos que nadie quiere. Les da un lugar, un compañero, un sentido. A veces le preguntan qué es lo que guarda en su armario.
-Guardo la esperanza -contesta con una sonrisa extraña.



Pablo Bernasconi, Excesos y exageraciones, Sudamericana, 2008.

8.12.10

Hermandad bruta


"Eso que hiciste está re mal Joaco...
pero igual te quiero".

3.12.10

"¡Es el explorador!"

"Hice valer mis méritos: coraje, tenacidad, lealtad ilimitada y, sobre todo, velocidad a caballo.
Aquella última virtud no pasó inadvertida.
Los generales debatieron largamente entre ellos.
Acabaron por convocarme. Me presenté temblando. Me anunciaron que, debido a mi pequeña talla y a mi velocidad, me nombraban explorador.
-Además, como eres una niña pequeña, el enemigo no sospechará.
La mezquindad de aquella alegación no consiguió empañar la felicidad que me produjo el nombramiento.
Explorador: no podía concebir nada más hermoso, más grandioso, más digno de mí.
Podía atrapar aquella palabra de un extremo al otro, en todos los sentidos, montarla a horcajadas como a un caballo salvaje, colgarme de ella como de un trapecio: seguía siendo igual de hermosa.
El explorador era de quien dependía la supervivencia del ejército. Jugándose la vida, avanzaba solo por un territorio desconocido con el objetivo de localizar los peligros".

Amélie Nothomb, El sabotaje amoroso




1.12.10

La flaca editora


"Ay mami, estaba tan emocionada cuando ayer te dieron tu idioma"
(lo que me dieron fue mi diploma)
Pero el premio fue subir con ellos a recibirlo.

30.11.10

Role-playing

Estoy orgullosa de la familia que construí y que construyo y que se me construye todos los días. Estoy enamorada de mi marido y de mis hijos. Es algo básico pero me pasa. Me pasa sobre todo cuando no doy más, cuando estoy cansada, frustrada, enojada. Me pasa cuando las cosas van mal. Cuando se me cae un camión de cal encima y ellos me aportan la arena que siempre ablanda. Me pasa cuando cierro el portón y desde la esquina lo escucho a Joaco llorar de espanto porque mami "no tá más" o cuando bajo la escalera después de estar un par de horas trabajando y él descubre que mami "no salió" que esta vez sí estaba en casa. Sus gritos de alegría, su energía, su sonrisa porque sí, me devuelven la vida, me sacan del tedio.


Me pasa cuando Vicky sale del jardín con su carita sucia y ese desaliño tan propio y la veo apurando el paso para abrazarme, cruza la puerta con energía para colgarse de mí y me dice: "¡Viniste en bici, cómo yo quería! "¡Viva!" o cuando mientras la estoy secando me dice "Mami, sos hermosa, y cuando tenga una hija va a ser tu nietita". Eso me hace vivir, me siento viva.

Me pasa cuando me chocan el auto y a las puteadas llamo a Hernán porque no tengo los papeles encima (¡Y encima no tengo ganas de hacerme cargo de nada!) y él me dice: "quedate tranquila flaca, ya está, ya te lo resolví". Y cuando me ayuda a resolver todo lo que tengo irresuelto.
Me pasa cuando nos contamos el día, cuando hacemos la ronda de lo que cada uno aprendió, cuando mis hijos se apretujan de amor y de celos, cuando los tres se ríen como si fuera lo único que tienen que hacer en la vida, cuando cantamos, cuando mi marido se hamaca en la plaza con ellos pero también se hamaca un buen rato solo, y las otras madres me miran como diciendo: "Es un personaje, siempre hace lo mismo". Y Vicky lo mira fascinada y dice: "Este papiii, ¡es un loco!"
Me pasa cuando todo es complicado y tan sencillo. Me pasa que los amo y que somos una familia feliz.
Por eso, y porque me animo, es que disfruto tanto de jugar al role-playing con Vicky.
Hoy, antes de dormir ella tuvo ganas:
- Jugamos que yo era la mamá y vos la hija y Joaco el hermano.
- Dale.
- Mami, ¿me contás un cuento para dormir?
- Bueno, ¿cuál querés?
- El de los Perez García, que iban al circo pero querían ir a otro lado.
- "Había una vez, en un lugar muy, muy pero muy imaginario... (y lo cuenta tal cual yo se lo cuento todas las noches, pero con más gracia, y con algunas palabras tan de ella)... "Y colorín terminado, este cuento se ha... terminado". ¡Bieeen, ahora a dormir!
- No, no mamá, otra vez. Ahora otro.
- No, hija este fue muy largo. Ya está. Estoy cansada.
- Dale, porfi, el último...

Me contó dos más: el de Mini y Moni que se encontraban con el lobo pero el lobo bueno, y el de los Terri que eran una familia muy, muy pero muy imaginaria ("pero no tan imaginaria, no?")

Y cuando llegó el momento del "hasta mañana". Me abrazó, me dijo "te quiero tanto hijitaaa" me apretó los cachetes y agregó, con voz picarona: "Y ya sé, mañana hija no voy a trabajar, voy a descansar y vamos a pasear todo el día juntitas, qué te parece?"

Me parece que me morí de ganas de volver a mi rol de madre, que al final el sueño persiguió a Victoria hasta el sillón, donde por fin quedó rendida después de algunas vueltas. Me parece que mis varones (los hombres de mi vida) roncan juntos en la cama grande.
Me parece que la lluvia vino a decirme algo esta noche. No podía dejarme sola esta noche. (Vino a decirme que ya no estaré nunca más sola).
Me parece que no podía cerrar los ojos sin escribir esto, sin estallar de amor y perplejidad.


Hasta mañana.









7.11.10

Delicias de la vida conyugal


Los domingos a la mañana son gloriosos. Sobre todo de un tiempo a esta parte. Sobre todo desde que no me levanto a las seis de la mañana con la horrible obligación de ir a trabajar el día en que todos descansan. Y puedo leer el diario, regar las plantas o hacer fiaca mientras el gordo me prepara el desayuno. Sí, eso. Si algo le gané a la vida son los domingos a la mañana, sin duda. Y si algo gané con el matrimonio es la alegría y la dedicación que mi marido le pone a las tostadas calentitas y deliciosas. Hoy me levanté a las seis de la mañana pero no para ir a trabajar. Me desperté para abrazar a un rubio chiquitito que me pide la leche con el cuerpo, con el alma como quien pide la salvación; y se queda conmigo en la cama haciendo fiaca, haciendo mimos, haciendo amor. Cosas productivas que ahora hago los domingos a la mañana. Llegan la mamadera, el diario, las tostadas... llega el domingo. Hoy además de hacerme el desayuno el gordo me acompañó en la lectura del diario. No suele leerlo, pero hoy no se resistió y entonces vino lo mejor. Porque si hay algo que me gusta de él es que se ríe al leer el diario. Se ríe de verdad, tienen que verlo. Se ríe desde adentro. -¿De qué te reís? -¿Sabés como se llama la Obra Social de Choferes de Camiones? - ¿...? -"OSCHOCA" - [risas] Más adelante, le tocó el turno a la revista de modas. Y no la leyó a la bartola. Estoy segura de por qué la agarró. No es cualquier domingo. Hoy es el domingo previo a mi cumpleaños y ayer nomás, el gordo me prometió que hoy iríamos a comprar ropa... ¡A Palermo! Y quien lo conoce sabe lo que esta invitación significa. Y a quienes no lo conocen tanto, puedo graficarles que si el "amor en obras consiste", (como dicen que dice Lope de Vega), la escena de shopping con mi marido sólo puede entenderse como un acto de amor. En fin, otra vez, me enamoró su gracia. Su cara al repasar los precios de la ropa de las publicidades es impagable. Cuando esta vez le pregunté de qué se reía, me contestó: -¡Ah claroooo! Ya sé por qué me advertiste ayer... ¡$ 1400 un vestido! ¡Y encima corto!!!!!!!!! [risas y escribirlo en el blog] Y compartirlo.

4.11.10