1.12.10

La flaca editora


"Ay mami, estaba tan emocionada cuando ayer te dieron tu idioma"
(lo que me dieron fue mi diploma)
Pero el premio fue subir con ellos a recibirlo.

30.11.10

Role-playing

Estoy orgullosa de la familia que construí y que construyo y que se me construye todos los días. Estoy enamorada de mi marido y de mis hijos. Es algo básico pero me pasa. Me pasa sobre todo cuando no doy más, cuando estoy cansada, frustrada, enojada. Me pasa cuando las cosas van mal. Cuando se me cae un camión de cal encima y ellos me aportan la arena que siempre ablanda. Me pasa cuando cierro el portón y desde la esquina lo escucho a Joaco llorar de espanto porque mami "no tá más" o cuando bajo la escalera después de estar un par de horas trabajando y él descubre que mami "no salió" que esta vez sí estaba en casa. Sus gritos de alegría, su energía, su sonrisa porque sí, me devuelven la vida, me sacan del tedio.


Me pasa cuando Vicky sale del jardín con su carita sucia y ese desaliño tan propio y la veo apurando el paso para abrazarme, cruza la puerta con energía para colgarse de mí y me dice: "¡Viniste en bici, cómo yo quería! "¡Viva!" o cuando mientras la estoy secando me dice "Mami, sos hermosa, y cuando tenga una hija va a ser tu nietita". Eso me hace vivir, me siento viva.

Me pasa cuando me chocan el auto y a las puteadas llamo a Hernán porque no tengo los papeles encima (¡Y encima no tengo ganas de hacerme cargo de nada!) y él me dice: "quedate tranquila flaca, ya está, ya te lo resolví". Y cuando me ayuda a resolver todo lo que tengo irresuelto.
Me pasa cuando nos contamos el día, cuando hacemos la ronda de lo que cada uno aprendió, cuando mis hijos se apretujan de amor y de celos, cuando los tres se ríen como si fuera lo único que tienen que hacer en la vida, cuando cantamos, cuando mi marido se hamaca en la plaza con ellos pero también se hamaca un buen rato solo, y las otras madres me miran como diciendo: "Es un personaje, siempre hace lo mismo". Y Vicky lo mira fascinada y dice: "Este papiii, ¡es un loco!"
Me pasa cuando todo es complicado y tan sencillo. Me pasa que los amo y que somos una familia feliz.
Por eso, y porque me animo, es que disfruto tanto de jugar al role-playing con Vicky.
Hoy, antes de dormir ella tuvo ganas:
- Jugamos que yo era la mamá y vos la hija y Joaco el hermano.
- Dale.
- Mami, ¿me contás un cuento para dormir?
- Bueno, ¿cuál querés?
- El de los Perez García, que iban al circo pero querían ir a otro lado.
- "Había una vez, en un lugar muy, muy pero muy imaginario... (y lo cuenta tal cual yo se lo cuento todas las noches, pero con más gracia, y con algunas palabras tan de ella)... "Y colorín terminado, este cuento se ha... terminado". ¡Bieeen, ahora a dormir!
- No, no mamá, otra vez. Ahora otro.
- No, hija este fue muy largo. Ya está. Estoy cansada.
- Dale, porfi, el último...

Me contó dos más: el de Mini y Moni que se encontraban con el lobo pero el lobo bueno, y el de los Terri que eran una familia muy, muy pero muy imaginaria ("pero no tan imaginaria, no?")

Y cuando llegó el momento del "hasta mañana". Me abrazó, me dijo "te quiero tanto hijitaaa" me apretó los cachetes y agregó, con voz picarona: "Y ya sé, mañana hija no voy a trabajar, voy a descansar y vamos a pasear todo el día juntitas, qué te parece?"

Me parece que me morí de ganas de volver a mi rol de madre, que al final el sueño persiguió a Victoria hasta el sillón, donde por fin quedó rendida después de algunas vueltas. Me parece que mis varones (los hombres de mi vida) roncan juntos en la cama grande.
Me parece que la lluvia vino a decirme algo esta noche. No podía dejarme sola esta noche. (Vino a decirme que ya no estaré nunca más sola).
Me parece que no podía cerrar los ojos sin escribir esto, sin estallar de amor y perplejidad.


Hasta mañana.









7.11.10

Delicias de la vida conyugal


Los domingos a la mañana son gloriosos. Sobre todo de un tiempo a esta parte. Sobre todo desde que no me levanto a las seis de la mañana con la horrible obligación de ir a trabajar el día en que todos descansan. Y puedo leer el diario, regar las plantas o hacer fiaca mientras el gordo me prepara el desayuno. Sí, eso. Si algo le gané a la vida son los domingos a la mañana, sin duda. Y si algo gané con el matrimonio es la alegría y la dedicación que mi marido le pone a las tostadas calentitas y deliciosas. Hoy me levanté a las seis de la mañana pero no para ir a trabajar. Me desperté para abrazar a un rubio chiquitito que me pide la leche con el cuerpo, con el alma como quien pide la salvación; y se queda conmigo en la cama haciendo fiaca, haciendo mimos, haciendo amor. Cosas productivas que ahora hago los domingos a la mañana. Llegan la mamadera, el diario, las tostadas... llega el domingo. Hoy además de hacerme el desayuno el gordo me acompañó en la lectura del diario. No suele leerlo, pero hoy no se resistió y entonces vino lo mejor. Porque si hay algo que me gusta de él es que se ríe al leer el diario. Se ríe de verdad, tienen que verlo. Se ríe desde adentro. -¿De qué te reís? -¿Sabés como se llama la Obra Social de Choferes de Camiones? - ¿...? -"OSCHOCA" - [risas] Más adelante, le tocó el turno a la revista de modas. Y no la leyó a la bartola. Estoy segura de por qué la agarró. No es cualquier domingo. Hoy es el domingo previo a mi cumpleaños y ayer nomás, el gordo me prometió que hoy iríamos a comprar ropa... ¡A Palermo! Y quien lo conoce sabe lo que esta invitación significa. Y a quienes no lo conocen tanto, puedo graficarles que si el "amor en obras consiste", (como dicen que dice Lope de Vega), la escena de shopping con mi marido sólo puede entenderse como un acto de amor. En fin, otra vez, me enamoró su gracia. Su cara al repasar los precios de la ropa de las publicidades es impagable. Cuando esta vez le pregunté de qué se reía, me contestó: -¡Ah claroooo! Ya sé por qué me advertiste ayer... ¡$ 1400 un vestido! ¡Y encima corto!!!!!!!!! [risas y escribirlo en el blog] Y compartirlo.

4.11.10

2.11.10

Animaladas



¿Por qué será que entre los primeros aprendizajes de los bebés cuando empiezan a apropiarse del lenguaje, aparecen los sonidos de los animales? Es algo tan lindo. Sus caritas, sus gestos con la boca y las manos. Su emoción cuando descubren que pueden, que lo hacen, que son ellos mismos, pero que son muy animalitos también. Animales auténticos. Animalidad humana toda. Sus rugidos y sus movimientos de manos que imitan las garras del león o las gracias del mono no tienen desperdicio. Me maravillan. Me divierten. Me atrapan.

Y los más hermoso, lo más alucinante, lo más tierno, es que si los observamos de cerca, si realmente nos comunicamos con ellos, aprenderemos que nunca hay dos "grrr" ni dos "miauu" iguales. En cada escena le agregan algo. Cada uno le pone su estilo y su personalidad.
Fijense en detalle, hagan la prueba. No encontrarán dos gallinitas que cacareen parecido, ni dos perros que digan guau de la misma manera.

Todos son animalitos nuevos, únicos, verdaderos.
Creánme, llevo algunos años en esto.
He aquí uno de mis casos de observación:

31.10.10

Puerta

Una escena que me conmueve: Joaquín se aferra a la puerta del patio (que da a la puerta de calle, que da a la plaza de la esquina), apoya su manito con fuerza (con mucha fuerza) intentando abrirla, me mira y me dice (me grita) "A tala TATAA TA". *

Y es su primera oración. Su mantra. Como una plegaria, un rezo. Y si el lenguaje es una realización de deseos, el ya lo sabe. Y nos lo hace saber.
Y es que sabe que más allá de esa puerta, está su felicidad.
*[¡A la Plaza! ¡Quiero ir a la plaza ya!]

17.10.10

Registro


Victoria está en una etapa (¡que sea una etapa por favor!) en la que no le gusta que los grandes hablemos si no es con ella o de ella. Creo que es un proceso, un paso que los seres humanos tenemos que dar antes de aprender a escuchar: el valor de sentirnos escuchados. Así es que mientras ella aprende, nosotros no podemos mantener una charla (ninguna charla) si ella no participa -por decirlo de una manera simple y no andar dando tantos detalles- activamente. Y claro que ese "activamente" toma muchas formas, a veces extraordinarias, a veces insoportables si es que uno no está en su frecuencia ni tiene ganas de teorizar sobre el aprendizaje de la comunicación humana.
Me pasan las dos cosas, claro.
Como tengo hermanos menores, mas o menos ya había observado este fenómeno del niño quenoparadehablarhastaqueloescuchen. Me pasó con mis sobrinos, también con mi cuñadita A. (cuando la llevamos la primera vez en el auto pensé que nunca se iba a callar) y siempre me pareció igual de difícil de llevar, solo que mi rato con ellos era eso, un rato.

En fin, lo que quiero contar es esto: la tarde venía así, comunicativa. Mientras yo cocinaba e intentaba contarle al gordo alguna cosa del día, Vicki no paraba de revolotearnos con sus reclamos. "¿Me escuchan?" "¡mami! ¡mami!", "papi, ¿me mirás cuando te hablo?","se callan que quiero hablar yo" (desde pequeña siempre supo bien cómo decir las cosas que quiere decir). Aggggghh.
Como pude serví la comida, charlamos mucho seguramente. Tanto que los varones abandonaron la mesa antes del postre, cansados de tanto alboroto.
Entonces, el silencio. Hubo una pausa. Victoria comía muy concentrada.
Supe que algo iba a pasar. Y pasó:
- "Mami, ¿qué es TELECOM?
- ¿qué cosa Vicky? -dije como para darle una chance de querer preguntar otra cosa...
- ¿Qué es TELECOM? -repitió como el principito que no abandona sus preguntas hasta obtener respuesta.
Supe que no tenía salida. Tenía que explicarle tantas cosas...
Mentalmente repasé el concepto de marca... el concepto de empresa... hasta que yo misma me sentí mareada con tanta vuelta y resolví:
-"Son los señores que trabajan para que podamos hablar por teléfono."
Rara, rarísima explicación. Es que es fácil explicar las palabras que están en el diccionario (hasta solemos recurrir a él muchas veces en la cena) pero ¿y las que no están? ¿cómo definirlas? ¿Y cómo, para una curiosa niñita de tres años?
-Ah -dijo V. seguramente sin entender del todo mi definición, pero entendiéndola de alguna forma propia, porque se quedó tranquila.
Pensé dos cosas:
La primera, caótica. ¿Cómo hablar en medio de esa nube de pensamientos que se desencadenan cuando queremos explicar algo a alguien que sabemos que no sabe todo lo que nosotros sí?
Me recordó a mis charlas con mi abuela Chola cuando me preguntaba por mi profesión o tenía que contarle algo de la computadora o internet. Siempre sabía que ella me entendía, pero a su manera, y con sus noventa y cinco años encima.
La segunda, más precisa: ¿de dónde sacó esta niña esta pregunta? ¿qué escuchó?
Lo comprendí casi enseguida. Hace unas semanas estoy a las puteadas con dicha empresa (que no quiero volver a nombrar en voz alta) porque dimos de baja un servicio y nos lo siguen cobrando.
Mientras lavaba los platos, comencé a reirme sola.
Pensé simultáneamente en el lenguaje, en mi abuela, en los aprendizajes de mi hijita... ¡Y en llamar a estos señores al día siguiente para continuar mi reclamo!

10.10.10

Libertad

Hoy escuché este diálogo entre dos niñitas -de 4 y 3 años- que jugaban en la arena:



- ¿Vos comés toda la comida?
- Síii. A veces no quiero más y entonces me voy a jugar.
- ¿Y tus padres no te retan?
- No, no me retan.... Es que no quiero más. Entonces me dicen: bueno, andá a jugar.
La niña que hizo la pregunta la miró encantada. Y, por fin, soltó lo que tenía ganas de decir:
-"Mis padres me retan si no como toda la comida".

- Ah.

Y siguieron metiendo arena en el balde, como si nada.

Sentí muchas cosas al escucharlas. En principio porque la que contestaba era mi hija de tres años. Pero supongamos que eso pude abstraerlo casi en seguida. Me quedé colgada pensando en lo lindo de que puedan expresar sus miedos, sus angustias o sus frustaciones tan enérgicamente, mientras moldean su vida en la arena.


Y como siempre, me quedé fascinada por la soltura con la que hablan, sin saber cómo es que se les viene un tema a la cabeza. Pero que están, están.

Y el tema de la libertad es un tema tan de ellos, tan de la plaza.





23.9.10

11.9.10

SABIDURÍA


A veces, cuando mi hija me sorprende, me descubro haciéndole preguntas bobas. Y lo bueno de las preguntas bobas es que si van dirigidas a una niña de tres en años -por lo general- nos dan respuestas maravillosas. Y entonces las preguntas básicas, amorfas, huecas, predecibles, quedan a salvo, se transforman en anécdotas graciosas o pequeños diálogos enriquecedores y geniales, como éste:



- Uy Vicki ¿dónde aprendiste eso?


- No mami, no lo aprendí... ya lo sabía.


-ah.




¡Ay hijita!, enseñame todo lo que sabés. Yo te voy a seguir preguntando.